Apuesto con ustedes, queridos y ultimamente abandonados lectores, a que a nadie le deja hoy indiferente la frase que da título a esta entrada de la bitácora. Llevo todo el día sintiendo orgullo y satisfacción de como reaccionaron nuestros mandatarios a la situación que se les presentó en la cumbre Iberoamericana de Chile.
Por si todavía queda algún despistado y no sabe a que me refiero voy a intentar explicarlo con la mayor objetividad. Durante un discurso del presidente del gobierno de España, José Luis Rodriguez Zapatero, para defender de las acusaciones de fascismo a José María Aznar (expresidente del gobierno Español) por parte del dirigente Venezolano Hugo Chávez, éste le interrumpía de forma reiterada. De repente surgió de forma súbita y con un aparente gran enfado el Rey de España, muy distante de lo campechano y simpático a lo que nos tiene acostumbrados, para espetarle: “¡pero ¿por qué no te callas?!”
Llevábamos en este país buscando una frase, una situación o cualquier contexto que acercara las opiniones de todo el mundo, o casi, y de repente, y cuando ya habíamos dejado de buscarla aparece D. Juan Carlos de Borbón y nos regala los oídos con un “¿Por qué no te callas?” a una persona, o personaje, a quién nunca nadie jamás le habrá mandado guardar silencio. Reacciones de todos los tipos, algunas más coherentes, otras más simpáticas, otras no tanto, y para el vilipendiado el recurso del pataleo.
Creo que no me equivoco si afirmo que para muchos ayer fué la vuelta a una fé “Juancarlista” que últimamente estaba en entredicho. Este momento de la historia acabó por reforzar la monarquía española. Para quién pregunte para qué necesitamos un monarca se le puede responder: para silenciar a los fantoches.
No me voy a extender ni una línea más no vaya a ser que alguno de ustedes me aplique un rotundo:”¿por qué no te callas?”


